Identidad visual para un restaurante japonés que no viene a pedir permiso

Kaiju Sushi
Kaiju Sushi no es un japonés elegante ni un templo del silencio.
Es un homenaje directo a la cultura pop japonesa, a los monstruos gigantes, al exceso visual y a la energía desbordada… llevada al terreno del sushi.
El reto era claro: construir una identidad potente, reconocible y descarada sin caer en el disfraz ni en el cliché oriental de postal.
Kaiju Sushi no es un japonés tradicional
Kaiju Sushi nace para quienes aman el anime, el cine japonés de los 70 y 80 y la iconografía de los monstruos gigantes, pero también valoran un producto bien hecho.
La palabra Kaiju significa “monstruo gigante”.
Y ese concepto atraviesa toda la marca: platos con personalidad, una estética sin complejos y una experiencia que no intenta gustar a todo el mundo.
Aquí el sushi no es delicado.
Es contundente.
El encargo no era ser elegante. Era ser memorable
El proyecto consistía en crear una identidad visual que mezclara ilustración, tipografía y color de forma coherente, manteniendo un equilibrio constante entre lo freak y lo gastronómico.
Una marca capaz de funcionar en carta, packaging, comunicación y producto físico sin perder fuerza ni convertirse en un chiste visual.
Tenía que ser divertida, sí. Pero también sólida, reconocible y usable.
Una identidad visual con energía Kaiju
El sistema visual se construye a partir de una ilustración protagonista, trazos dibujados a mano y una tipografía con carácter, inspirada en la estética japonesa pero reinterpretada con un enfoque contemporáneo.
Los colores refuerzan ese contraste entre tradición y cultura pop.
Nada es sutil.
Nada es tímido.
La marca no intenta parecer japonesa. Se siente japonesa desde otro ángulo.
No es para puristas. Y eso es parte del encanto
Kaiju Sushi se dirige a un público joven, curioso y abierto a experiencias distintas. Gente que disfruta del sushi, pero también del imaginario visual que lo rodea.
La identidad funciona como filtro natural: quien entra aquí sabe que no va a encontrar minimalismo zen ni ceremonias silenciosas.
Y entra igual.
El resultado: una marca que entra fuerte y se queda
Una identidad visual potente, flexible y llena de personalidad. Preparada para funcionar en entornos físicos y digitales sin perder coherencia ni impacto.
Una marca que no intenta parecer correcta. Intenta ser recordada.
Y lo consigue.












